Todo lo humano tiene que ver con el contexto. En este presente que parece necesitar escritos que nos recuerden que la geografía es en parte el destino, Ángel Martínez García-Posada con este ensayo, funcionalmente, defiende que la arquitectura se adapte al contexto y, poéticamente, sugiere que cuando existe una vocación contextual en los proyectos desde su ideación, adaptarse a los escenarios, sean geográficos o históricos, materiales o inmateriales permite que, con el tiempo, emplazamientos y construcciones se entrelacen. En lo matérico, los edificios se construyen con fragmentos de contexto como si los lugares hicieran suyos los proyectos. Después, nuestros trabajos acaban transformando sus marcos y se comportan como semillas de progreso, caballos de Troya que pasan del tablero al otro lado de la muralla. Miramos el pasado para seguir proyectando el futuro.