A partir de una rigurosa investigación y exhaustivo trabajo de reportaje, la autora evidencia cómo, mientras sirve para imponer y justificar un control social cada vez mayor, la violencia y el terror de la guerra antidrogas benefician a bancos, industria armamentista, empresas extractivistas y a transnacionales. Paley invita a repensar la llamada guerra antidrogas como una estrategia que facilita la expansión capitalista, más que como un simple mecanismo de control o lucha contra el narcotráfico. Esta nueva edición, que analiza esta forma de guerra en México, Centroamérica y Colombia, incluye un prólogo de la autora a 10 años de la publicación del original en inglés. El terror es utilizado en esta guerra contra la población tanto de la ciudad como del campo, mientras en paralelo se implementan políticas que facilitan la inversión extranjera directa, potenciando su expansión a territorios y espacios sociales nuevos o previamente inaccesibles. Además de servir para financiar campañas políticas, enriquecer a los bancos estadounidenses, y alimentar un fuerte comercio de armas, tras esta lucha hay también otros sectores beneficiados: las industrias maquiladoras, las redes de transporte, un segmento del sector comercial y de venta al menudeo, como Walmart, y los grupos interesados en bienes raíces.