Ser madre o padre es una de las tareas más importantes y más complejas del ser humano. La capacidad de hacerlo bien viene determinada, en gran medida, por las competencias parentales, profundamente influenciadas por la historia personal de los adultos, sobre todo por cómo fueron tratados durante su infancia. El apego, la empatía y el buen trato son habilidades fundamentales para ser una madre o un padre suficientemente bueno.