Piátnitski asimiló los principios del marxismo de tal suerte que, tras el cisma del Partido Obrero Social-Demócrata de Rusia en 1903, se decantó por la fracción bolchevique. Sus más de 40 años de actividad revolucionaria constituyen uno de esos ejemplos, tan inspiradores como inmortales, para los proletarios con conciencia de sus intereses de clase de todos los tiempos y países. Hasta su trágica muerte a manos de sus antiguos camaradas la afrontó con la entereza típica de un viejo bolchevique. Según recoge su mujer, dos días antes de ser detenido Piátnitski le dijo a un camarada: «Si el Partido necesita un sacrificio, cualquiera que sea su peso, con alegría lo soportaré todo».