El universo infantil es inmensurable, y sus miembros forman una gran comunidad lectora, además de formar parte del tejido mismo de la creación. Infancia y arte están inextricablemente unidos, y la conciencia de los temas artísticos, así como el desarrollo y la estimulación de las capacidades creativas, comienzan desde una edad temprana. Las peculiaridades de la mirada infantil, la crudeza de sus primeras líneas y la experimentación con el color y la forma impregnan sus obras de una alegría creativa que será perseguida por innumerables artistas.
Muchos de ellos se apropiaron de los libros abecedarios —considerados una de las primeras formas de libros infantiles— como medio de trabajo, entendiéndolos como un espacio de libertad creativa capaz de absorber estilos gráficos heterogéneos. De sus aportaciones surge una sólida alianza que vincula estrechamente los libros infantiles con los libros de artista.
De Seoane aprendemos, entre muchas otras cosas, que el medio en el que un creador da vida a su obra no debe ser una limitación, sino un amplificador indispensable para la expresión de su propia libertad creativa. Portadas de libros, portadas de revistas, murales o cerámicas son solo algunos de los medios que el artista gallego utilizó para expresar sus inquietudes, dejando constancia de su genio. Este alfabeto es un vestigio de la riqueza de su obra como diseñador gráfico y una confirmación de su estilo singular.