La presencia animal en la narrativa breve de Ferrer Lerín constituye una de las principales señas de su identidad; el Reino Animal, Metazoo, Metazoa, considerado como centro gravitatorio del texto, no como detalle arquitectónico. Podríamos pensar la obra de Ferrer Lerín como una construcción ambidiestra: entre la luz y la sombra, la dicha y el desconcierto, la quietud y el avance descontrolado de la vida. Y en esa mirada bifurcada encontramos una importante y necesaria reflexión sobre los tiempos que vivimos, donde la defensa de la vida salvaje ocupa un lugar significativo. Resulta fascinante pensar la escritura como la concibe Ferrer Lerín, como una forma de tránsito, de mezclar la voz con la mirada, de hacer del lenguaje un espacio de exploración íntima.Este conjunto de visiones del mundo y nuestro tiempo se encuentran atravesadas por la afición ornitológica del autor, su pasión por las aves necrófagas. Su mirada es absoluta. A lo denso de la muerte y a la complejidad de la vida. Lejos del pudor humano, cerca de la aridez del viento en las alturas. Estos textos se perciben escritos entre lo vivo y lo extinto, con la precisión científica de quien se sabe amigo del desvarío visionario.