El debate actual parece considerar la inteligencia artificial generativa de manera polarizada: una visión de corte neoliberal que ve en la IA una herramienta prodigiosa de empoderamiento individual útil para aumentar la competitividad y una visión que identifica en ella un refuerzo de lo que ya existe, una especie de actualización del aparato sociotécnico dominante, destinado a agudizar aún más las desigualdades y las formas de explotación.Desmitificar y plantear las preguntas adecuadas son los dos objetivos de esta crítica sistemática y multidisciplinar de ChatGPT y de las múltiples (y propietarias) herramientas de inteligencia artificial que han irrumpido con fuerza en nuestras vidas. Y si, por un lado, es necesario desmontar las narrativas tecnoentusiastas que prometen un futuro radiante, por otro, parece crucial estimular una reflexión más lúcida sobre el tipo de mundo que estamos construyendo cuando consentimos, sin hacernos demasiadas preguntas, la revolución tecnológica en curso.En lugar de ejercitar nuestra imaginación prefigurando un futuro de ciencia ficción poco realista, es mucho más importante comprender cómo funciona realmente la IA generativa y cuáles son los espinosos problemas que nos plantea. Problemas que, si no se abordan adecuadamente, no harán más que agravarse.