Culture is Not an Industry es un libro que desmonta la gran idea que ha dominado las políticas culturales desde finales de los noventa: que la cultura es valiosa sobre todo por lo que aporta a la economía. Justin O’Connor explica cómo el concepto de industrias creativas terminó colonizándolo todo, convirtiendo el arte, la creación y hasta las emociones en “productividad”, “innovación” y “beneficio económico”.
El resultado no es, según muestra a lo largo del libro, bueno: precariedad, trabajadores culturales quemados, un sector que habla cada vez más como una consultora y cada vez menos como artista, y una enorme pérdida de visión política.
Aun así, el libro no es solo una crítica; es sobre todo una propuesta de futuro. O’Connor defiende que la cultura debe volver a entenderse como un derecho, una infraestructura social imprescindible —igual que la educación o la salud— y una pieza clave para sostener la vida democrática, la cohesión social y la capacidad colectiva de imaginar otros futuros.
Es, en resumen, un libro que quiere desactivar el marco económico que ha dominado el sector y rearmar políticamente la cultura, devolviéndole su potencia social y su sentido público.